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Destinos icónicos: La casa de Ana Frank

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Una de las historias más trascendentales de la era moderna es la de Ana Frank. A pesar de tratarse de un desgarrador relato de las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial, el Diario de Ana Frank logró extender el legado de la joven escritora hasta nuestros días, donde a través de una fundación se apoya a distintas causas relacionadas con la educación y la niñez.

Originalmente, las memorias se publicaron bajo el título de Las habitaciones de atrás, de acuerdo a la traducción de las páginas del diario de Ana, sin embargo, por cuestiones editoriales se tomó la determinación de cambiar el nombre a «El Diario de Ana Frank».

La primera traducción le daba protagonismo al lugar donde Ana y su familia se tuvieron que ocultar durante la ocupación alemana, y es justo ese lugar del que hablaremos hoy en Destinos Icónicos.

La casa de la calle Prinsengracht marcada con el número 263 y ubicada en un barrio de la capital de los Países Bajos fue el lugar desde el que Ana escribió sus vivencias como refugiada de guerra.

El edificio era parte de una empresa que su padre había trasladado a Amsterdam en un intento de construir una vida fuera de Alemania, plan que pronto se vio frustrado por la ocupación nazi.

La particularidad del inmueble era la existencia de un anexo secreto que sirvió como refugio para la familia durante cerca de dos años hasta que los soldados alemanes los descubrieron.

Una vez concluído el conflicto bélico, el edificio cambió de manos y estuvo a punto de ser demolido de no haber sido por la intervención del periódico  Het Vrije Volk , que junto a los lectores del Diario de Ana Frank impulsó una petición para que el inmueble fuera considerado propiedad protegida.

Luego de la creación de la Fundación Ana Frank a cargo de Otto Frank (padre de Ana) y Johannes Kleiman, la empresa dueña de la casa decidió donarla a la organización como un gesto de buena voluntad. Fue gracias a esto que la Fundación pudo convertir el edificio en un museo dedicado a la vida y obra de Ana.

La Casa de Ana Frank se convirtió así en un destino turístico para millones de personas que entraron en contacto con el libro. Cada año, el museo recibe más de un millón de visitantes de todos los rincones del mundo.

Actualmente la experiencia del museo puede también vivirse en realidad virtual a través de Google y su dispositivo de RV.

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