Mircea Mazilu
Estimados docentes, en el artículo de hoy hablaremos del Método Audiolingüístico, un método que predominó en el mundo de la enseñanza de idiomas en las décadas de 1950 y 1960.
De manera paralela a la Enseñanza Situacional de la Lengua gestada en Gran Bretaña, surgía en el continente americano una propuesta metodológica con un enfoque distinto: el Método Audiolingüístico (o Audio-lingual Method).
El origen de este método se remonta a la década de los cuarenta, no obstante, su verdadera expansión y validación pedagógica tuvo lugar entre 1950 y 1960. Fue en esta etapa cuando el Método Audiolingüístico logró institucionalizarse, convirtiéndose en el enfoque predominante en las escuelas y universidades estadounidenses de la época
El Método Audiolingüístico halla su sustento teórico en la convergencia de la lingüística estructural y el conductismo psicológico. De la lingüística estructural tomó la idea de que el dominio de un idioma reside, primordialmente, en la adquisición de sus estructuras interrelacionadas. Asimismo, adoptó la premisa estructuralista de otorgar primacía a la oralidad frente a la escritura. Bajo este enfoque, la instrucción comenzaba necesariamente con el desarrollo de las competencias de comprensión y expresión oral, postergando las destrezas escritas a una etapa secundaria.
Por otra parte, el Método Audiolingüístico trasladó los preceptos del conductismo al campo de la adquisición de lenguas, sosteniendo que la formación de hábitos lingüísticos depende, primordialmente, de la repetición intensiva de estructuras en la lengua meta. Bajo esta premisa, se consideraba que la reiteración mecánica facilitaba la memorización y automatización de los patrones lingüísticos, priorizando la fijación de la estructura sobre la comprensión real del significado por parte de los alumnos
La repetición de los enunciados en la lengua meta se ejecutaba de manera coral o individual. El núcleo de la instrucción eran los diálogos, los cuales el docente leía en voz alta o reproducía mediante un dispositivo para que, acto seguido, los alumnos los replicaran línea por línea. Una práctica común consistía en dividir a los estudiantes en dos grupos para alternar las intervenciones del diálogo; posteriormente, se seleccionaban estructuras clave para un entrenamiento intensivo adicional
Otra de las características principales del Método Audiolingüístico era la prioridad de la precisión fonética. Por ello, el docente supervisaba rigurosamente la repetición de diálogos y estructuras, asumiendo la corrección inmediata de errores como una responsabilidad central para asegurar una pronunciación y entonación correctas
En este marco, el estudiante adoptaba un rol meramente receptivo, limitado a la memorización y repetición de patrones lingüísticos bajo una dirección docente absoluta. Esta hegemonía del profesor, encargado de gestionar el ritmo y validar las respuestas para consolidar hábitos, restringía la autonomía del alumno.
Por último, el Método Audiolingüístico entró en declive hacia finales de los años 60 debido a diferentes críticas que cuestionaban su eficacia real: los estudiantes carecían de la competencia necesaria para comunicarse en entornos sociales auténticos.