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Origen del Día de Muertos

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¿De dónde viene el Día de Muertos? El culto a la memoria de los difuntos no es exclusivo de México. Diversas culturas tienen costumbres muy parecidas a las que conocemos aquí. ¿La razón? Sencillo, la muerte es algo que todos tenemos en común y es la experiencia más difícil a la que nos enfrentamos. 

La añoranza por los que ya no están dio origen a un sin fin de ceremonias en las que se les rinde homenaje.

En México por ejemplo, los pueblos prehispánicos tenían 3 fechas para recordar a los difuntos, una en abril, otra en julio y otra más en octubre.

Nuestros antepasados creían que al morir, el difunto comenzaba un viaje de cuatro años para llegar al Mictlán, el lugar del eterno descanso de las almas. 

También había creencias de que las almas descansaban en distintos lugares de acuerdo a la forma en la que habían muerto. 

Para aquellos difuntos que iban al Mictlán, se realizaba una ceremonia cada año en la fecha de su fallecimiento. En este culto se adornaba un altar con pertenencias del muertito, alimentos, bebidas, flores y demás adornos. Se creía que estos elementos ayudarían al difunto en su camino al descanso eterno. 

Los muertos eran enterrados junto a un perro Xoloescuintle, quien era el único que podía cruzarlos hacia el Mictlán. Existía la creencia de que si tratabas mal a un perrito en vida, no podrías descansar en paz. 

Como podrán ver, las costumbres prehispánicas coinciden con las de otras culturas del mundo. Por ejemplo, los egipcios también acostumbraban adornar las tumbas con objetos del gusto del fallecido, los romanos también tenían festejos para los muertos al igual que los celtas, estos dos últimos serán muy importantes para lo que hoy conocemos como Día de Muertos en noviembre y Halloween en octubre.

Pero vamos por partes. Cuando los españoles llegan a México, naturalmente buscaron establecer sus costumbres cristianas, sin embargo, al encontrar resistencia por parte de nuestro pueblo, optaron por mezclar elementos de una y otra cultura. 

Los conquistadores celebraban el Día de todos los Santos el 1 de noviembre y la Fiesta de los Fieles Difuntos el día 2. ¿Qué elementos distinguían a esta celebración? El día 1 los fieles bendecían alimentos para que los santos los comieran y el 2 rezaban para que las almas de los difuntos salieran del purgatorio. No era tan distinto a lo que teníamos acá.  Su aporte fue, desde luego el enfoque religioso, pero también la fecha, pues a partir de la conquista se fijó el 1 y 2 como los días destinados a la celebración. Mientras tanto, nuestros antepasados pusieron, como es costumbre en México, el color y la magia. 

Ahora, ¿De dónde venía la celebración que realizaban los españoles? Bueno, pues aquí es donde entran los celtas y los romanos.

Los amigos Celtas tenían una celebración denominada Samhain, misma que tenía lugar el 31 de octubre y simbolizaba para ellos el Año Nuevo Celta  ya que era el fin de la cosecha.

Para el festejo se encendían grandes fogatas, la gente se disfrazaba y ofrecía alimentos recién cosechados a los muertos, pues se creía que a partir de esa fecha y hasta la llegada del tiempo de siembra, la barrera que separaba el mundo de los vivos y los muertos se rompía, por lo que se realizaba esta especie de tributo u ofrenda. 

Luego, con la expansión de la iglesia católica por Europa, el papa Gregorio III decidió cambiar el calendario cristiano para empatarlo con los festejos del Samhain.

Originalmente, los católicos tenían un día de todos los santos, que era el 13 de mayo. Pero el papa lo movió al 1 de noviembre para coincidir con la fiesta celta. 

Fue así que el 31 de octubre se denominó como la víspera de todos los santos, en inglés: All Hallows Eve ¿Les suena familiar? Pues sí, este término fue evolucionando hasta convertirse en Halloween. 

Esta fecha también tiene relación con los romanos, quienes tenían una celebración para los muertos denominada Feralia, donde también se les rendía tributo. 

Fue así que la Iglesia Católica tomó estas fechas y las transformó en lo que ahora conocemos como Día de todos los Santos y Fiesta de los fieles Difuntos. 

Pero ahora volvamos a México, el 1 de noviembre de 1821, las autoridades convirtieron estas fechas en una fiesta, organizando un festival en el primer cuadro de la capital en donde la gente podía comer, beber, bailar y disfrutar de distintos tipos de entretenimiento. 

Se acostumbraba visitar las Iglesias para llevar flores de Cempasúchil a los difuntos que eran enterrados ahí, sin embargo, tras una epidemia se determinó que los cuerpos fueran enterrados fuera de las ciudades, por lo que la gente tuvo que trasladar el festejo a los panteones.

Fue en este punto que creció la costumbre de llevar alimento y bebida a las tumbas. Dado que los viajes eran largos, se preparaba un almuerzo para compartir en familia. 

Y fue así que se estandarizaron los altares como los conocemos ahora ¿Qué elementos componen un altar?

Un mantel blanco para simbolizar la pureza y la alegría.

Agua, para que los difuntos calmen la sed.

Cirios y veladoras para iluminar el camino de los difuntos que visitan el altar. Cuando las veladoras se colocan en cruz, se representan los cuatro puntos cardinales, nuevamente como guía para los visitantes del otro mundo.

Papel picado, que simboliza el viendo y le da un toque festivo adicional a nuestro altar.

Comida, se colocan los alimentos favoritos del difunto para consentirlo en su visita y recordarle.

Calaveritas de azúcar, un postre que si bien no tiene un significado específico, si es utilizado para adornar los altares. Se acostumbra colocar una etiqueta en la frente de la calaverita con el nombre del difunto.

Pan de muerto. No, no es canivalismo ni mucho menos. Es un pan sabor naranja que se decora con huesitos de masa en alusión a los difuntos. Suena extraño pero les aseguro que es muy rico y no incluye ningún ingrediente macabro.

Copal e incienso, este humo que se considera en algunos rituales como sagrado, sirve también de guía para los difuntos en su camino al mundo de los vivos. 

Sal, para purificar y evitar que suceda algún mal en el camino hacia la ofrenda. 

Flor de cempasúchil, el color de esta flor tan representativa simboliza al sol, y es nuevamente un elemento que sirve como guía para las almas que nos visitan ese día. 

Cariños para el difunto, se colocan dulces, cigarros, bebidas alcohólicas, fotos, juguetes u objetos que eran del gusto del fallecido, esto para mostrarle que se le sigue recordando y a su vez recordarle aquello que disfruto tanto en vida. 

Ahora ¿Por qué se piden dulces? Bueno esto, al menos en México, está relacionado un poquito con la dinámica de las posadas, donde se reza y luego se agasaja a los invitados con comida, bebida y resguardo. 

En el Día de Muertos, se acostumbraba visitar los altares, rezar y luego repartir los alimentos de la ofrenda. Luego, llegaban algunos viajantes que no podían llevar mucho a sus difuntos y pedían alimento de las ofrendas más nutridas, costumbre que fue mutando hasta lo que conocemos ahora como pedir calaverita o pedir muertito. 

En Aguascalientes, se acostumbra que los niños recitan el siguiente verso: El muerto quiere condoche, si no, lo asusta en la noche.

El condoche es un pan a base de trigo típico de la región central del país. 

Mucho se ha especulado sobre el tono alegre y humorístico con el que los mexicanos se toman la fecha. Haciendo canciones y calaveras en tono de burla. Para muchos es un tanto excesivo y poco solemne. Pero no se confundan, sabemos lo delicado que es la muerte, la pérdida y el olvido. Es por eso que optamos por celebrar la vida, la alegría y recordar lo bueno que nos dejaron nuestros difuntos. No nos burlamos de la muerte, festejamos el tiempo que pudimos disfrutar con nuestros seres queridos. 

En 2003, la UNESCO denominó al Día de Muertos en México, como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”. 

Una celebración que a pesar de los cambios e influencias de otros festejos, ha sabido mantener una esencia única que se mantiene atractiva para mexicanos y visitantes de todo el mundo. 

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